Autobiografia

Vivo en Londres con mi esposa Sarah y mi hijo Isaac.  Intento ganarme la vida escribiendo cuentos de misterio acerca de asesinatos en el mundo de los aztecas.  ¿Cómo es que esto comenzó?

 

Mi formación no fue ni emocionante ni sofisticada.  Crecí en una pequeña ciudad al sudeste de Inglaterra y fui a la escuela local.  Estudié Derecho y me titulé de solicitor (abogado de instrucción).  La única cualificación que tengo para escribir sobre cualquier cosa, es el hecho de que creo que nunca ha habido un momento en mi vida, en el que no haya estado escribiendo o, por lo menos, pensando en escribir.  También de niño fui un lector voraz.  Me devoraba las colecciones de novelas de suspenso que mis padres tenían y las novelas que compraban en los aeropuertos (mi padre vivía en las cercanías de la ciudad y viajaba todos los días a su trabajo, y también viajaba por asuntos de negocios) y es así que la ficción popular ha estado en mi sangre desde una edad temprana.

 Comencé a escribir seriamente al comienzo de mis años veinte, mientras me recuperaba de una enfermedad grave.  Indudablemente, al ser recordado lo frágil que la salud es, y por lo tanto la vida, me ayudó a centrar mi mente.  Tomé un curso por correspondencia (del cual me salí) y comencé a enviar cuentos y artículos a diferentes revistas.  Prácticamente todos fueron rechazados, por supuesto, pero tuve algunos éxitos en concursos literarios.  Desde entonces he estado escribiendo con cierta constancia, tomando muy pocos descansos. 

 Alrededor de esta época dos cosas importantes sucedieron:  leí la obra escrita por Inga Clendinnen titulada “Aztecs: An Interpretation” (Los aztecas: una interpretación”) que despertó en mí un gran interés en la civilización mesoamericana; y conocí a mi esposa.  Lo que me incitó a comenzar a escribir novelas fue el comentario hecho por Sarah al decirme, en una ocasión, ¡que yo tenía mayores probabilidades de ganarme la Lotería Nacional que las de escribir un libro!.  Sin su estímulo, burla, comprensión,  crítica sin piedad y su ocasional alabanza sincera, nunca hubiera podido lograr nada.  En 1994, nos trasladamos a la casa de Sarah en Londres en donde continuamos viviendo.  Isaac nació en 1998. 

  “Demon of the Air” (“Demonio del Aire”) inició su vida en 2000 como entrada al concurso “Debut Dagger” (El Debut de la Daga) de autores inéditos organizado por la Asociación de Escritores del Crimen.  Tuve que someter el capítulo de apertura de una novela de crimen.  Como estaba interesado en los aztecas, escogí su civilización como tema para la novela.  Para mi asombro, “A Flowery Death” (‘Una Muerte Florida’ – título de la novela en ese entonces) ganó el concurso y pasé los siguientes dos años terminando la novela.  En agosto de 2002, Simon & Schuster compraron la novela junto con el proyecto para continuar la serie.  En 2003, en España, la editorial de Bolsillo compró los derechos de “Demon of the Air” (“Demonio del Aire”).

 A estas alturas yo ya no ejercía derecho y me encontraba trabajando para “The General Council of the Bar for England and Wales” (El Consejo General del Colegio de Abogados de Inglaterra y del País de Gales) que me empleó para asesorar a los  barristers (abogados con derechos de audiencia para comparecer ante cualquier tribunal de justicia del país) sobre sus honorarios.  Este trabajo era más ameno de lo que pudiera parecer.  Al comenzar a escribir mi segunda novela, encontré que cada vez se me hacía más difícil combinar el trabajo y la vida familiar con escribir novelas.  Algo tenía que ceder y en 2003 tomé la decisión de correr el riesgo de convertirme en autor de novelas a tiempo completo.

 Escribir a tiempo completo es todo lo que esperaba que iba a ser, y mucho más.  La sorpresa más grande ha sido la cantidad de tiempo que un escritor pasa sin escribir no solamente para poder, como es natural, dedicar un poco de tiempo a la investigación sino que también para llevar las cuentas al día, estar listo a dar charlas y leer en público, hacer y mantener contactos, actualizar el sitio web, etc.  Estoy haciendo lo que siempre deseé hacer y gozándolo a lo máximo, ¡pero renunciar a un empleo no es lo mismo que jubilarse!.